De ingeniero civil a seminarista

June 1, 2021 - 9:14am
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la historia de Alvaro Santamaria

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Álvaro Santamaría obtuvo su título de Ingeniero Civil y tenía un buen trabajo, comenzó su carrera en una empresa constructora, trabajando en carreteras. Lo tenía todo: familia, amigos, trabajo y membresía en un gimnasio.

Pero una oración apasionada cambió su curso para siempre.

Aquí está su SacredStory:

 

Álvaro, gracias por compartir su historia. Empecemos desde el principio. ¿Cómo fue su niñez?

Bueno, primero déjeme empezar diciendo que me encanta mi apellido, Santamaría, porque la Virgen me ha cuidado desde que nací, y siempre he sentido su presencia en mi vida. Nací y crecí en El Salvador, bendecido por ser parte de una familia fuerte y solidaria. Tengo dos hermanas (¡yo soy el del medio!). En nuestra familia rezábamos el rosario juntos diariamente, íbamos a Misa todos los domingos y a veces, también durante la semana. Mis padres siempre estuvieron muy involucrados en la parroquia y fueron parte de la renovación carismática. Los recuerdo como líderes de grupo y dando charlas a la comunidad y yo siempre estaba allí, observando; así fue como me formaron, con su ejemplo de fe. Creo que esa base ha sido inmensa en mi vida y aún ahora siguen siendo un ejemplo para mí.

 

¿Y también estuvo usted involucrado en la vida parroquial?

Entré en un grupo para niños pequeños llamado “Infancia Misionera”.  Íbamos juntos a la iglesia y luego visitábamos a otros niños del vecindario.  Salíamos en una gran fila de niños a la calle, cantando con nuestras Biblias, ¡éramos muy felices! Tocábamos puertas y les preguntábamos a los padres si ellos también tenían hijos para que se unieran a nuestro grupo; también orábamos y leíamos la Biblia. Lo que buscábamos era invitarlos a venir a la iglesia para demostrarles que no era aburrido; este grupo fue una de las cosas que me inspiró en mi niñez. Y creo que el Señor ha estado trabajando conmigo desde entonces.

 

Ud. estuvo lleno de fe desde su niñez, ¿pensó desde entonces en el sacerdocio?

No, nunca pensé que el sacerdocio fuera para mí. Después del bachillerato fui a la Universidad, centrándome realmente en mis estudios, especialmente en matemáticas. Era un buen estudiante y me licencié en Ingeniería Civil; luego conseguí un empleo en una empresa de construcción, trabajando en carreteras. Fue una experiencia realmente buena.

 

Pasar de ingeniero civil en El Salvador a seminarista en el Área de la Bahía es un gran salto en la vida. ¿Cómo sucedió eso?

Bueno, yo nunca pensé que el sacerdocio fuera para mí. Pero, al terminar la Universidad y empezar con mi carrera me quedó más tiempo para orar, pero siempre me sentí dividido entre el trabajo y la oración.  En ese momento yo tenía todo lo que quería: mi familia, un buen trabajo, mi título universitario y hasta estaba haciendo ejercicio y yendo a un gimnasio.  Sin embargo, yo me preguntaba qué era lo que Dios quería de mí y estaba tratando de resolver esta incógnita, pidiéndole al Señor que me guiara.

Recuerdo haber orado así: “Quiero crecer y quiero más de ti, quiero amarte más y quiero SER para ti. No te pido cosas materiales sólo quiero que me sumerjas más profundamente en el océano de tu presencia, de tu espíritu. Déjame saber que estás ahí para mí. ¡Quiero convertirme en Profeta! ¡Quiero convertirme en tu discípulo! ¡Quiero estar ahí para ti! " Quiero decirle que así oraba en ese entonces, con mucha convicción, no era solo un sentimiento. Era algo que ardía en mi corazón, quería estar encendido y enamorado.

 

¡Guau! ¡Esa es una oración poderosa! ¿Te respondió Dios?

Si. Recuerdo que pude escuchar su voz muy profundamente. No sé cómo explicarlo, pero Él me dijo muy intensamente "Ven, sígueme". Y en oración yo le respondí: “¿De qué estás hablando? ¡Yo no quiero ser sacerdote! " Y luego, lo repite nuevamente "Ven, sígueme". Fue un mensaje con mucha autoridad. Luego respondí: “Está bien, esto es demasiado por hoy, después continuaremos esta conversación; por el momento me iré a dormir [….riendo] “Esta noche no puedo manejar este tema, mañana hablaremos de nuevo."

 

¿Eso fue lo que le pediste al Señor en oración?

¡Por supuesto que sí!  Cuando eres amigo de alguien tú sabes que tienes la confianza para hablarle así, de una forma personal. Así es cómo se sabe que tienes una relación con alguien.

 

¿Y continuó la conversación?

Sí, seguí escuchando esas palabras resonando en mi corazón y en mi mente. Mi primera reacción fue: "No, no quiero ser sacerdote". Más adelante empecé a pensar: "Bueno, ¿por qué NO ser sacerdote?"  Ya el Señor me estaba cambiando, cambiándome poco a poco y abriendo mi corazón. Entonces se lo comenté a mi madre quién quería asegurarse de que estaba tomando la decisión correcta. Luego hablé con mi papá quien me dijo: “Naciste para eso, siempre supe que algún día te darías cuenta”.

 

¿Cuál fue tu siguiente paso?

Hice mi año de discernimiento en El Salvador y me uní al seminario. Para ese entonces mi papá ya estaba aquí en Estados Unidos, en Daly City, así que vine de visita y me quedé muy impresionado con la Diócesis. Y mi papá me dijo: "¿Por qué no te vienes y terminas tus estudios aquí?" Yo ya llevaba tres años en el Seminario El Salvador, pero cuando me reuní con el Obispo Barber él me ofreció apoyo para quedarme. Eso fue en abril de 2018 y aquí estoy, ¡Y pensar que solo venía de visita!

 

¿Entonces, te uniste al Seminario de San Patricio?

Bueno, no inmediatamente.  En el 2018 necesitaba comenzar con aprender inglés, así que pasé algunos semestres en Ohlone College en Fremont. Por obra del Espíritu Santo en mi vida aprendí el idioma rápidamente. Luego me pidieron que hiciera el examen para estudiantes internacionales. Este examen fue muy difícil, tardó cuatro horas y salí decepcionado porque no creía haberlo aprobado. ¡Pero lo pasé!  Eso fue una señal para mí de que éste era el camino que Dios me señalaba porque me dio todo lo que necesitaba. Luego solicité ingreso en San Patricio y me aceptaron. Dentro de tres años me ordenarán como Diácono, y dentro de un año más (si Dios quiere) como sacerdote.  Estoy muy agradecido y muy feliz.

 

¡Tu historia es asombrosa! ¿Qué le dirías a alguien que está discerniendo la voluntad de Dios en sus vidas?

Yo diría que no tenga miedo. Si cree que Dios no responde, que no dice nada, que está callado, quizás sea porque no lo deja hablar. Creo que muchos de nosotros, incluyéndome a mí, oramos pidiendo y hablando, pero lo que necesitamos es silencio para escuchar. Vaya a una hora santa, quédese allí en silencio y trate de escuchar lo que Él le esté diciendo.

Luego, cuando comience a comprender cómo suena su voz, empezará a sentir las bendiciones que que le envía. Eso no significa que en el camino vaya a ser fácil, siempre habrá retos y desafíos.  El diablo estará allí para tentarle y plantar esa semilla de duda; no lo escuche. Y cuando caiga, busque la

confesión y rece; vuelva e intente una y otra y otra vez, sigua pidiéndole orientación y siempre tenga en su corazón el deseo hacer su voluntad. Recuerde que es hijo de Dios y que Él le ama y le va a guiar en su camino. Él le dará ALEGRÍA.

 

Muchas gracias, Álvaro. ¡Su alegría le ilumina todo el rostro! Todos estamos muy entusiasmados por Ud. y estaremos orando por su vocación.

Gracias. ¡También rezaré por todas las personas de la parroquia de St Michael's!

 

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